El alma de Guerrero 

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Hay un lugar donde los frailejones son vitales y la presencia del ser humano es importante.

Jhoan Esteban Ortiz Osorio 
Laura Camila Sandoval Camacho 

Si hay algo en lo que concuerdan tanto paramunos como el gobierno e institutos de investigación, es que el páramo debe ser preservado y restaurado, pero esto no debe significar expulsar a los campesinos, como algunos de ellos creen a causa de las delimitaciones de páramos y la Ley 1930 de 2018, si no incluirlos para que estos sean los encargados de conservar el también llamado bosque enano o de niebla, con prácticas más amigables para el medio ambiente.

El tema es que esta normatividad, al parecer, aún no ha sido tratada con los habitantes del Páramo de Guerrero, pues las entidades ambientales encargadas no se han coordinado para establecer bien sus obligaciones, lo que hace que el proceso de información a los campesinos sea escaso y crean que esto lo que busca es despojarlos de sus tierras. 

 

Sobre las tres cordilleras que dividen el territorio colombiano nacen pequeños, medianos y grandes páramos que conforman la ‘Estrella fluvial más grande del país’: el Macizo Colombiano. Estos cuentan con 2’906.137 hectáreas (ha), es decir el 3 % de la superficie del país, y brindan el 70 % del agua a más de 50 millones de personas.

Para Carlos López, natal del municipio de Carmen de Carupa, líder comunitario y habitante del Páramo de Guerrero, el páramo es “una zona habitable, una zona de vida donde se produce agua comida y bienestar para los campesinos y las nuevas generaciones”.

Son además, como afirma Brigitte Baptiste, bióloga y exdirectora del Instituto de Investigaciones de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt:   

Brigitte Baptiste Exdirectora Humboldt
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“La tierra, la vida, no es una línea recta y menos nuestro país, nuestro país no está dividido por franjas en donde el bosque altoandino empieza en una parte y termina en otra,  las cordilleras tienen su historia y eso permite que los ecosistemas sean diferentes”, afirma Mónica Yamile León, ingeniera agroindustrial, guardapáramo y habitante del Páramo de Guerrero.

Pero estos hábitats no están solo conformados por flora y fauna, sino por personas, campesinos que en su mayoría llevan viviendo más de 50 o 60 años, paramunos que se encuentran arraigados por las enseñanzas de sus ancestros, por su cultura y el sustento que a diario les provee el páramo, por la agricultura, la ganadería y la minería.

Es decir, estos ecosistemas se diferencian por su población y su ubicación, la primera depende de las costumbres que los paramunos han adquirido al vivir en este ecosistema durante más de 50 años, y la segunda se define según la posición dentro las Cordilleras Oriental, Central y Occidental donde su altura puede variar entre los 3000 hasta los 3800 o inclusive los 2400  m.s.n.m, como es el caso del páramo perteneciente a la Laguna de la Cocha (en Nariño), según afirma Juan Pineda funcionario de la CAR en la jurisdicción de páramos.

Colombia es el país con el mayor número de complejos de páramos entre Venezuela, Perú, Ecuador y Costa Rica. En total son 36 los bosques de niebla que cubren el territorio nacional, un

49 % de la superficie total de páramos de Sudamérica según afirma la WWF (World Wildlife Fund). 

Estos ecosistemas se encuentran distribuidos por departamentos de la siguiente manera: Boyacá presenta la mayor extensión en el país con un 18.3 % del total nacional, le siguen en extensión Cundinamarca (13.3 %), Santander (9.4 %), Cauca (8.1 %), Tolima (7.9 %) y Nariño (7.5 %). Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en el año 2002.

El nacimiento de Guerrero

Hace 1400 años aproximadamente las montañas de Cundinamarca estaban habitadas por indígenas Muiscas que consideraban los páramos como lugares sagrados. Pero para 1537 los españoles llegaron a la Sabana de Bogotá, tras la ruta de la sal desde el río Magdalena, se asentaron en Tausa y a los indígenas los concentraron en “pueblos de indios”, como afirma el Instituto Alexander Von Humboldt. 

Esta historia de colonización no fue diferente a las demás, narraciones que pueden asemejarse a las plasmadas en las Crónicas de Indias, donde se contaba cómo los españoles colonizaron América, historias que según narra Catalina Navarro, escritora del periódico El Heraldo, “resultaron ser tan coloridas que bien podrían ser antecedentes del realismo mágico”, pues disfrazaban la esclavitud y la tortura, con relatos de una tierra sin descubrir que a duras penas era habitada por indígenas desorientados que debían ser catequizados. 

El Instituto Von Humboldt también afirma que para 1900, después de haber pasado el yugo español, en el Páramo de Guerrero se permitió la venta de resguardos indígenas, lo que fragmentó la propiedad de la tierra y la consolidación de grandes haciendas en Cogua para la siembra de trigo y minería de carbón. Desde este momento aumentó la población en los páramos considerablemente, donde se dedicaron al cultivo de papa para autoconsumo y cebada o ganado para su comercialización. 

Para 1960 se permitió el uso de maquinaria para la agricultura y para 1970 ingresaron especies mejoradas de pasto y ganado Holstein. Pero a partir de convenios internacionales y la Constitución de 1991 el Estado se vio en la necesidad de intervenir la ocupación de páramos con leyes regulatorias y normas que propendían por el cuidado de estos ecosistemas.

Desde 1940 el Incora legalizó predios para campesinos que habían llegado a Tausa y para 1961 se impulsó el Fondo Nacional de Caminos Vecinales que conectaba los páramos con zonas más bajas.

Lugares que han sido marcados históricamente por una cultura y unas costumbres dadas por sus habitantes, que en el caso del Páramo de Guerrero, se han impuesto desde muchísimos años atrás por los Muiscas, los cuales comenzaron a entretejer una historia que relataba lo ancestral y sagrado de los páramos, pero a su vez, que daba vida a los primeros asentamientos donde comenzaron a surgir sus costumbres, con las que nació el páramo y las que permanecieron en el tiempo. 

La papa, el ganado y el carbón

De Guerrero no solo brota agua, también nace el sustento de más de 1000 hogares que están arraigados a este lugar, personas que subsisten trabajando en alguna de las tres actividades económicas principales que se desarrollan en este ecosistema, la agricultura, la ganadería o la minería.

Algunos paramunos se levantan desde muy temprano todos los días para ordeñar sus vacas o las de un arrendador, ya sea para su consumo diario o su distribución a la cabecera municipal de Ubaté, o en Bogotá, o en los departamentos de Santander y Tolima. Otros se encargan de labrar las tierras con sus manos y esperan hasta seis meses para obtener el fruto de su trabajo, el producto que probablemente se consume más en los hogares colombianos: la papa. Finalmente están los paramunos que se dedican a la minería ya sea artesanal, pequeña, mediana o grande, donde se extrae “uno de los carbones más puros del país”, como afirma Juan Alberto Sánchez, dueño de la mina San Cristóbal, en Guerrero. 

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El estudio ‘Recomendación para la delimitación, por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, del Complejo de Páramos de Guerrero a escala 1:25.000’, del Instituto Alexander Von Humboldt, posiciona a Guerrero como uno de los páramos que “tal vez cuente con uno de los escenarios más complicados con respecto al sector minero”, ya que según ellos hasta el 2016 contaban con 72 títulos mineros dentro del complejo, que suman un total de 21.173 ha, de las cuales 7885 ha están dentro de Guerrero, en los municipios de Zipaquirá (2233 ha), Tausa (2004) y Subachoque (1347 ha). 

Estas actividades son las que se regularán por medio de la Ley 1930 de páramos, que busca preservar estos ecosistemas, y prevenir daños permanentes a causa de la minería a gran escala o de actividades agrícolas o ganaderas que se den por latifundio y no minifundio, según el Estado. Tales restricciones agobian a los paramunos, pues hasta el momento y en el caso de Guerrero, no se han hecho reuniones para explicarles la nueva ley, sino en el páramo de Chingaza, permitiendo que la desinformación altere a los campesinos.

Mina abandonada en Guerrero
Mina abandonada en Guerrero

Ubicada en un desvío al Páramo de Guerrero por la vía que de Zipaquirá conduce al municipio Pacho.

Mina abandonada en Guerrero
Mina abandonada en Guerrero

Ubicada en un desvío al Páramo de Guerrero por la vía que de Zipaquirá conduce al municipio Pacho.

Mina abandonada en Guerrero
Mina abandonada en Guerrero

Ubicada en un desvío al Páramo de Guerrero por la vía que de Zipaquirá conduce al municipio Pacho.

Mina abandonada en Guerrero
Mina abandonada en Guerrero

Ubicada en un desvío al Páramo de Guerrero por la vía que de Zipaquirá conduce al municipio Pacho.

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La ‘gestión integral’ para los páramos

Para la década de los 40 se legalizaron los predios para que los campesinos habitaran los páramos, pero hoy en día con esta delimitación se refleja la contradicción de la institucionalidad, al no tomar en cuenta su historia y generar un panorama de incertidumbre entre los paramunos y su trayectoria en estos ecosistemas. Desde 1976 el Inderena (Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente), abordó el tema sobre la protección de los Parques Nacionales Naturales de Colombia, los cuales están dentro de algunos de los complejos de páramos del país, pero es hasta la Constitución de 1991 que se comienza hablar de la protección a los recursos naturales con los que cuenta Colombia, desde ese momento hasta la fecha se han firmado convenios internacionales, han sido expedidas aproximadamente siete leyes, tres decretos y más de 30 resoluciones con el fin de preservar a nivel general la biodiversidad colombiana y en específico los ecosistemas de páramos.

En 2016 se elabora la Resolución 1769 que delimita el Páramo de Guerrero, para 2018 se expide en el Congreso la Ley 1930 que brinda una gestión integral en los páramos de Colombia, estas dos normativas han despertado entre los habitantes del Páramo de Guerrero inconformidad, angustia y decenas de preguntas.

Luciano Grisales, Representante a la Cámara por el departamento del Quindío, autor y ponente de la Ley 1930, afirma que se debe: “Encontrar la ruta para que ese proceso de transición no sea tan traumático, que no afecte tanto la vida de los paramunos, pero que en el tiempo todos, inclusive ellos, entiendan que su propia vida, que la subsistencia de ellos, sin agua no va hacer posible”.

Es aquí donde se forma controversia y debate entre paramunos e instituciones gubernamentales, pero a pesar de estas diferencias, ambas partes son conscientes de que en estos páramos la presencia de los seres humanos es necesaria, como afirma Brigitte Baptiste: “Indudablemente es posible y deseable, es muy importante que haya comunidades indígenas y campesinas en alta montaña”.

“Esa delimitación se hizo a pupitrazo, se hizo en un escritorio, donde simplemente se miró la parte ambiental, no se tuvo ese acercamiento con las comunidades, ni se tuvieron en cuenta los datos económicos y culturales de estas zonas”. Afirma Rosa Helena Rodríguez, habitante de Guerrero, líder social y representante del mismo en la Mesa Nacional de Páramos. 

Aunque en el caso de los campesinos no hay una clara información de lo que pretende el gobierno, esto se debe a la falta de presencia, de coherencia y de acuerdos de los mismos en estos ecosistemas, a los vacíos de la ley y la poca atención que se les ha brindado al momento de escucharlos. Como afirma Juan Pineda, funcionario de la CAR:

Juan Pineda - Funcionario de la CAR
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Como consecuencia de lo anterior, para febrero de 2019 se presentó una acción de inconstitucionalidad contra la Ley 1930 de 2018 que declara inexequible los artículos 10, 24 y 25 de la misma; Nelson Andrés Montero Ramírez, abogado y demandante, explica que estos vulneran el derecho a la consulta previa de las comunidades indígenas y campesinas que habitan los páramos, que la expresión “actividades agropecuarias”, contenida en el artículo 1 de la citada ley, infringe los derechos al trabajo, salud, propiedad privada, vivienda digna y mínimo vital de los campesinos y de las comunidades indígenas que viven en dichas zonas.

Esta demanda ante la Corte Constitucional finalmente resolvió que los cargos de inconstitucionalidad dirigidos contra los artículos 10, 24 y 25 son rechazados por esta entidad, pero sí admite “la supuesta vulneración del derecho a la consulta previa de las comunidades indígenas que habitan en las zonas de páramo”. De igual forma permite que otras entidades, universidades o personas puedan apoyar al demandante en un posible proceso de contrademanda a la ley, pero hasta el momento nadie se ha pronunciado al respecto con intención de apoyar la demanda o sustentarla una vez más ante esta Corte. 

¿En qué va todo?

“Ya hay 200, 300 años de tradición, donde en los páramos existen unas fronteras agrícolas, esas fronteras se deben preservar. Obviamente toca cambiar muchas tradiciones de producción, menos contaminantes, pero que el campesino tenga de qué poder vivir, yo no me imagino un páramo completamente limpio, como lo pretende el gobierno”. Afirma Rosa Helena Rodríguez, habitante de Guerrero, líder social y representante del mismo en la Mesa Nacional de Páramos. 

Es evidente la problemática que se vive en el Páramo de Guerrero, situación que a su vez se ve reflejada en la mayoría de los complejos del país. La preocupación de un campesino de páramo ya no es por alguna de sus labores diarias, sino por el cómo generar ingresos para su familia. A raíz de esto, entre ellos mismos han estructurado su propia organización llamada Mesa Nacional de Páramos, conformada el 9 febrero de 2019 y en la cual hay siete líderes que representan a 20 complejos de páramos del país.  ​

Alirio Olaya, campesino de Guerrero por el municipio de Tausa, dice que:

Alirio OlayaArquitecto
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El número 19 entre los 36 

Entre los bosques andinos del altiplano cundiboyacense, entre las montañas de Cundinamarca y el frío típico de este departamento, está el Complejo del Páramo de Guerrero (CPGUE), un páramo rodeado de flora y fauna nativa, donde la papa y el ganado se incorporaron y se afianzaron a la cultura típica del bosque de niebla, un ecosistema lleno de minerales y casas, un lugar frío donde el viento sopla fugazmente, pero donde también sale humo como de chimenea por la explotación de carbón. 

MAPA GUERRERO.jpg

Imagen  tomada del Instituto de Investigaciones Alexander Von Humboldt 

“Guerrero está ubicado al noreste del departamento de Cundinamarca sobre la Cordillera Oriental y cuenta con 16 municipios.” como afirma el Instituto de Investigaciones y Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt en su estudio ‘Recomendación para la delimitación, por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, del Complejo de Páramos de Guerrero a escala 1:25.000’.

Así es el Páramo de Guerrero, un hábitat natural que se encuentra entre los 3200 y 3800 m.s.n.m, que cuenta con más de 43 mil hectáreas que no solamente son bosques, frailejones y quebradas, sino también cultura, costumbres y economía, una unión entre naturaleza y sociedad. Un reflejo de esto son los 4385 paramunos aproximadamente que coexisten en este ecosistema, según el censo del DANE en 2005, además se trata de una realidad donde se afirma que, el Complejo de Páramo de Guerrero es el más intervenido por el cultivo de papa y minería dentro de la jurisdicción de la CAR como afirma Juan Pineda.

“Aunque los páramos cumplen una función ambiental, son una estructura social, económica, cultural, política y ambiental ¿eso qué significa? que uno comete una equivocación si lo mira simplemente desde la óptica ambiental, porque saca de tajo una cantidad de realidades que hay allí”, afirma Juan Pablo Fernández, economista y asesor en políticas y medio ambiente del senador Jorge Enrique Robledo. 

Guerrero no solo se caracteriza por sus paisajes verdes, donde la flora con sus frailejones renace en compañía de mamíferos como el Oso de Anteojos, aves como el Periquito Amarillo y anfibios como el Sapito Arlequín. Este ecosistema se encuentra entre los páramos más alterados del país con más de un 70% de área transformada, según el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.

Además, casi la mitad de su territorio hace parte de la SubZona Hidrográfica (SZH) del Río Bogotá hacia el oriente, está SZH alberga el embalse del Neusa, donde se abastece en un 15 % al acueducto de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. También abastece al Río Suárez, Río Negro y Río Carare Minero como afirmó Humboldt en 2015.

Es por ese arraigo, por ese sistema no solo ambiental, sino cultural y económico del páramo que se crea ese colectivo de paramunos que pretende hacer escuchar su voz, al representar los intereses de los pobladores y las luchas agrarias de estas mismas zonas. A su vez hay entidades como la Región Administrativa y de Planeación Especial (RAPE), que crea proyectos como los ‘Guardaparamos’, que capacita a los mismos campesinos para que estos les enseñen a otros sobre el cuidado y preservación del bosque enano. Sin embargo, no son suficientes los pocos ‘guardapáramos’ que existen por ahora en Guerrero para llegar a los más de 4000 mil habitantes que tiene este ecosistema.

Un lugar que a pesar de su clima frío se ha convertido en morada cálida y tranquila para campesinos como Carlos y Ana Sofía que migraron a Guerrero, en busca de mejores oportunidades; un espacio donde la ingeniera agroindustrial Mónica León, que no nació en el páramo, quiso comprar su pedacito de tierra en él para cultivar y preservar; un ecosistema en el que un arquitecto como Alirio Olaya, que nació dentro del complejo y ahora cuida sus vacas, hace planos del páramo e intenta entender la problemática de su territorio; y un refugio para una profesora y líder social como Rosa Rodríguez, que asumió la vocería y representación de su comunidad, para defenderla y ayudarla a entender la importancia de preservar este hábitat. 

Así como estas cinco personas hay más de 4 mil en el Páramo de Guerrero, paramunos que creen estar en la cuerda floja por no saber qué pasará con su futuro, familias que a lo único que se han dedicado es a cultivar papa, ordeñar vacas o extraer minerales, los que han pasado sus enseñanzas y costumbres de generación en generación y finalmente, los encargados de darle color, vida, cultura y alma a Guerrero. 

Páramo de Guerrero
Minas de quema de Coque
Flora del páramo
Edificaciones del Páramo
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Animales en el Páramo de Guerrero
Flora del páramo
La papa en Guerrero
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