Una paramuna de corazón 

Inicio

Reportaje

Las voces 

deGuerrero

Legislación

Guerrero

al aire

Realizadores

“Sí yo soy campesina, me pueden ver sin ruana, pero es un tema de corazón, el campesino es la persona que cultiva la tierra, que la ama y la respeta”.

Jhoan Esteban Ortiz Osorio
Laura Camila Sandoval Camacho

De tez blanca con pecas en las mejillas y un color dulce como el algodón de azúcar que enmarca su sonrisa; de cabello castaño y ojos claros que brillan como luceros al ver su pedacito de páramo. Así es Mónica Yamile León, una  citadina que desde muy pequeña lleva en su corazón el amor por el campo, una herencia que sus padres le han enseñado a cultivar con el pasar del tiempo, en especial su papá, José Ignacio León. 

Mónica León Ingeniera, habitante de Guerrero
00:00 / 00:20

Vive con sus padres en el municipio de Cajicá, al norte  de Bogotá, su casa se distingue fácilmente de las demás:   no es de cemento ni su arquitectura es moderna, parece una cabaña en el campo, hecha en madera, llena de color por los cuadros que su madre pinta y rodeada del verde de un gran jardín en donde no solo las flores son protagonistas, también los cultivos de lechugas frescas, cebolla larga, cilantro y plantas como la menta para preparar su aromática diaria todas las mañanas.  

 

Viaja de Cajicá a Tausa dos veces por semana a visitar su pedacito de páramo. No importa cómo esté el clima, si llueve o hace sol; viaja la mayoría de veces junto a su padre y en ocasiones su hermano. Los trayectos que están llenos de anécdotas de familia, alejan del ruido de la ciudad y la conectan con Guerrero.

 

Son 39 kilómetros de recorrido, donde el cielo nublado de tonalidades grises que se desprenden del vapor de las chimeneas por la quema de carbón, dan aviso de la llegada a Tausa. Al entrar al pueblo el aire es denso y en algunos casos difícil de inhalar; es un paisaje en el que lo único que se aprecia son mulas, camiones, obreros de minas con su cara negra, fábricas que explotan minerales y que en ciertas horas del día pintan el cielo de Tausa con ráfagas de humo negro.

 

Una vez en el pueblo el panorama comienza a cambiar, son pocas las mulas y camiones que se ven, el cielo deja de tornarse gris para abrirle paso al azul celeste, es clara la sintonía entre el verde de las montañas de Guerrero con el cultivo de papa y el café que indica que hace poco se labró la tierra.

 

Al estar en el Tausa Nuevo la altura es de 2931 m.s.n.m, pero esta empieza ascender en la medida que se acerca al Tausa Viejo y se abre el camino pedregoso hacia la vereda Lagunitas, en el Páramo de Guerrero. Un camino que dura aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la finca donde está la propiedad de Mónica. 

 

Es una casa pequeña pero acogedora, la morada que resguarda a Mónica y su familia cuando van al páramo, una pequeña cabaña de color amarillo adornada por el sonido de los carillones de viento que crean una melodía sinigual, la cual se desvanece con el mugir de sus vacas y el viento del páramo. Un lugar que para Mónica se convierte en su mayor tesoro, en su rincón perfecto para meditar, respirar y gritar que es feliz. Donde al estar a los 3340 m.s.n.m puede sentir que el aire no le falta, por el contrario le sobra, puede divisar cómo los frailejones crecen y regalan pequeñas flores amarillas que le ponen pinceladas de color al paisaje, mientras cultiva su pequeña huerta de alimentos orgánicos. 


Mónica estudió ingeniería agroindustrial, y entre los planes y proyectos que tenía en mente desde antes de graduarse y de lo cual realizó su trabajo de grado en la universidad, fue trabajar con cultivos orgánicos que no solo beneficien a las personas al consumirlo, sino también al páramo. Para ella esta es una de las formas en las que puede conservar y preservar a Guerrero, donde no piensa individualmente, sino en un futuro mejor para las demás personas, un lugar donde todos respiren aire puro y puedan consumir agua.

Mónica León Ingeniera, habitante de Guerrero
00:00 / 00:34

Esta paramuna de corazón además de trabajar en su tierra al cultivar alimentos orgánicos, es voluntaria en la Región Administrativa y de Planificación Especial (RAPE) como ‘Guarda Páramo’ ella es una firme creyente de que más manos hacen más y afirma que son muchas “las semillas que están trabajando para que en el ecosistema exista más sostenibilidad, más equilibrio”.

 

Mónica es concisa al mencionar que en los páramos deben vivir las personas, pero que estas deben ser conscientes de la importancia de este ecosistema, que todos los paramunos son pieza clave para ayudar a preservar a Guerrero, para salvarlo de acciones negativas, decisiones políticas, sociales y culturales que los puedan afectar, para hacer que el cielo perdure por siempre de azul celeste y el verde de las montañas siempre sea vivo y no opaco o escaso. 

 

Tiene proyectos en mente para su pedacito de tierra como un baño seco, sistema que no afecta el bosque enano, sino que por el contrario beneficia a la vegetación del mismo y los cultivos. Ella es fiel ejemplo de que no se debe nacer en una tierra para cuidarla, es una heroína que quiere salvar el páramo y a sus campesinos. 

 

Por medio de su conocimiento en el tema ambiental y con las capacitaciones a los paramunos ha podido enseñar mejores prácticas dentro del ecosistema, sus vecinos, que se encuentran un poco lejos entre las fincas, son los que cuidan su parcela y a diario alimentan sus vacas los días que ella no puede ir. Y Desde su casa en Cajicá crea un pequeño pulmón de vida que rodea su hogar y el de sus padres, pues esto les representa el páramo. 

 

Mónica Yamile León es una mujer que, aunque se encuentre a 39 km de distancia del bosque de niebla, viaja para cuidarlo, admirarlo, y contribuir a formar esa preservación tan necesaria que hoy el complejo necesita, son estos actos de campesinos de la alta montaña los que permiten una vez más decir que son ellos los que componen el alma de Guerrero.

Mónica Yamile León
Finca La Inesita
Mónica Yamile León
Cultivo de papa
Sonajeros de viento
El Orejas
Finca la Inesita
Cajicá
Mónica y Carlos
Mónica Yamile León
Mónica Yamile León